Tiempo de cuarentena: una oportunidad para calibrar nuestra brújula interior

Y llegó el día en el que el universo nos dio una orden de parada al frenético accionar en un «mundo» que agoniza y en el que, a pesar de tener el control remoto a la mano y el poder inmenso de autorregularnos para preservar la vida planetaria, nos es muy difícil no sucumbir a la presión del «afuera». De allí que muchos no hayan acatado el llamado de cuarentena mundial por el Covid-19 o hayan tardado en hacerlo.

Muchos de nosotros formamos parte de una sociedad adicta, ensimismada y desconectada del sentir. La carrera del progreso nos ha entrampado y ante la necesidad de producir, hacer, crear, avanzar, hemos perdido la capacidad de valorar lo esencial, ¡casi hemos invertido la pirámide de Maslow! Y en eso tu y yo, tenemos la responsabilidad sino de cambiarlo, al menos, revisarlo en aras de lograr el propósito más elevado que sostiene nuestra vida en el planeta: Ser felices.   

¿Cuánta gente se ha suicidado en el curso de la pandemia? ¿Cómo se ha comportado la curva de enfermedades psicosomáticas como la ansiedad y la depresión? Todo tiene que ver con una angustia relacionada con la incertidumbre y el futuro que hoy sabemos, no podemos controlar y que nos hace perder la perspectiva de que estar aquí es bastante y que tenemos un poder creador infinito al que podemos acceder tan sólo si tenemos la actitud correcta.

He escuchado decir que estamos en una «cuarentena productiva», eso significa que continuamos produciendo, haciendo, generando soluciones. Una cuarentena que muchos vivimos desde el afuera y que deja poco espacio para la reflexión consciente sobre un hecho que considero estratégico y vital, como lo es calibrar la brújula interior frente a un mundo que ya no es igual al que conocimos.

En este tema quiero centrar mi atención de cara a los nuevos retos que nos toca asumir como individuos frente al caos y la vuelta a la estabilidad del sistema.

Del shock inicial al confinamiento interior

Al igual que a muchos de ustedes, los primeros días del confinamiento por la cuarentena del COVID-19, me dejaron además de aturdida, muy desubicada. Fui parte de quienes subestimamos la gravedad de la situación hasta el último momento. Me enrolé en los chistes, en el análisis superfluo y en la idea de que este no era más que un intento de manipulación de los grandes intereses de esos «otros» que luchan «frenéticamente» por dominar al mundo. Error, la crisis me explotó en la cara.

Al shock inicial que supuso la orden de cuarentena, empezó la toma de decisiones para ordenar el caos en el que se puede convertir la vida si no lo haces. Garantizar la supervivencia de mi familia como prioridad. Llenar las alacenas, almacenar provisiones, preparar la contingencia y un largo etcétera. En segundo plano, lo más difícil, mantenerme serena y sana dentro de la situación como única forma de lograr la estabilidad emocional del resto y tomar las mejores decisiones. Fue justo aquí cuando llegó el colapso ¿Cómo mantener esa sanidad mental con el bombardeo informativo que siguió a la contundente orden de parada y como reaccioné a esa inyección de «droga» que potenció mi adicción tecnológica? Pues bien, les cuento como lo viví.

A una semana del lanzamiento del BootCamp de la Comunicación No Verbal, mi proyecto estrella en el que invertí, tiempo, esfuerzo y recursos, decidimos suspender y simultáneamente, planificar lo nuevo: ¿Hacemos videos?, escribimos más en el Grupo de WhatsApp? ¿Publicamos en Facebook? ¿Hacemos Lives? La idea era evitar quedarnos atrás pues, quienes compiten en nuestro nicho idearon creativas campañas en redes sociales. Empezaron a proliferar, Lives en IG invitaciones a charlas y conferencias por Zoom, Hangouts, Duo.  

A esto se sumó la generosa oferta de universidades y museos ¡Ahora puedes ver todas las obras y colecciones en línea! ¡puedes acceder a una galaxia de cursos, diplomados, especializaciones 100% On line. Aplicaciones para leer centenares de libros, para pinchar y tener los plays de tus artistas favoritos de todas las épocas. Netflix, yoga virtual, bailes empezaron a llegar por todos lados ¿Tentador? Por supuesto. En medio de este proceso, una extraña incomodidad se hizo presente en mí, pero, la dejé pasar.

Más, fue justo cuando mi teléfono inteligente me dio un reporte de tiempo en pantalla, obviamente ¡disparado!, cuando la incomodidad interior se acrecentó, ¡decidí entonces prestarle atención. Me detuve y entré en un período de No Acción por un rato. Disminuí en al menos un 70% mi exposición en pantalla, y dediqué el tiempo estrictamente necesario a mi trabajo y a lo doméstico Hice una parada consciente en el silencio interno que me llevó a un espacio de reflexión. Entré a un confinamiento interior lleno de preguntas.

¿Qué siento frente a esta situación? ¿Cuál es mi miedo más profundo? ¿Cómo haré frente a la nueva realidad económica? ¿Cómo se sienten quienes están conmigo? ¿Cómo están mis clientes? ¿Cómo abordaré el BootCamp?

Revisando mis marcos de referencia…

Si algo ha dejado claro el llamado a paro general que ha hecho el universo por la pandemia del COVID-19, es la urgente necesidad de hacer una revisión total de los paradigmas que sustentan la forma en la que cada uno de nosotros, nos estamos relacionando y cómo estamos percibiendo e impactando el mundo que habitamos.

Tal como decía por allá en 2010 Stephen Covey, en su best-seller Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva, es necesario detenerse y «afilar la sierra», haciendo referencia al cuento de un hombre al que le dieron a talar varios árboles en un bosque y a medida que talaba se volvía más y más ineficiente tan solo por el hecho que no se dio cuenta que su maquinaria se desgastó, pero él seguía enfrascado en el objetivo y cuando le planteo esto al jefe este le preguntó ¿has afilado la sierra? Y la respuesta fue «No, es que tengo que talar un árbol».

En nuestra vida diaria, «afilar la sierra» equivale entonces a tomarnos tiempo para hacernos mantenimiento general y renovar la visión con la que venimos operando. Implica observar la realidad para entenderla, hacernos preguntas que abran nuevas posibilidades y amplíen nuestra capacidad de resolver situaciones y problemas en nuestro entorno personal y profesional de manera diferente. Implica «pensar fuera de la caja».

Cómo podemos afilar la sierra si estamos al menos 10, 12 o 15 horas pegados a las pantallas consumiendo información tóxica, en la permanente tertulia de «vienen tiempos difíciles», «el caos de la economía» u opinando sobre conflictos políticos sobre los que no tenemos ningún poder de influencia. ¿Qué suma?

Del libro «Sabiduría para el Liderazgo» del coach Arnoldo Arana extraigo:

«Necesitamos revisar nuestra forma de pensar, mapas creencias y opiniones propias para evaluar si se ajustan a la realidad… No es la realidad en sí la que nos limita o nos faculta, sino nuestro mapa, nuestras creencias y convicciones y éstas no reflejan al mundo de una manera completa y exacta. Nuestra percepción es apenas un pedazo de la realidad, la cual a menudo filtramos de manera sesgada por nuestras emociones, ideologías, aprendizajes e incluso prejuicios y dogmas».

Tal como refiere Arana en su libro nuestra forma de pensar tiene fuerte impacto en todas las esferas de nuestro ser: en nuestras conductas, en nuestras emociones, en nuestra condición física, en nuestra condición espiritual, en nuestras relaciones interpersonales y en nuestro trabajo… Si nuestras creencias son erróneas generan desorden emocional y conductas inadecuadas. De allí que sea trascendental dedicarle un poco de tiempo a la reflexión, al autocuidado y a la forma en la que estamos consumiendo información.

La red de redes está ahora mismo saturada de información y sirve a los más perversos intereses de los grupos de poder, los fakes y la manipulación abundan. Los recursos para mantenernos desconectados de nosotros mismos se visten de atractivas y funcionales apps que nos atrapan y encapsulan. Frente a esto es necesario revisar la forma como consumimos información, desarrollar criterios para proteger nuestra salud mental y emocional más aún cuando la pandemia ha acelerado la automatización de la vida y ha dejado en segundo plano el interrelacionamiento cara a cara. No olvidemos que nosotros tenemos el control remoto a la mano, el on-off del teléfono y que la forma de comportarnos post crisis tendrá mucho que ver con los nuevos patrones que emergieron, pero también con nuestros niveles de conciencia.    

La pandemia acabará, tarde o temprano, abriremos las puertas nuevamente y saldremos al ruedo encontrando un nuevo mundo: Toca adaptarse o morir. ¿Qué harás tú? ¿Afilarás tu sierra?

Hoy te invito a quedarte en casa y emprender un viaje a tu interior, como mecanismo para enfrentar los miedos e incertidumbres que nos plantea el cambio. Son tiempos de reevaluar, repensar, reflexionar y sobre todo de crecer. ¡La salida es hacia adentro!

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6 tips sencillos que te ayudarán a desconectar y entrar en un espacio de reflexión

  1. Idea una rutina de meditación o mindfulness al menos 20 minutos antes de comenzar tu jornada. Escribe en una libreta o en un cuaderno, tus prioridades ese día y que te gustaria lograr.
  2. Crea una rutina de ejercicios que te permitan conectar cuerpo-mente. Si es necesario pídele ayuda a tu entrenador o algún especialista en movimientos corporales, yo uso por ejemplo una técnica llamada «Movimientos Cognitivos Corporales del Centro Moccec» @centro_moccec en Instagram)
  3. Establece un horario de tele-trabajo haciendo un alto cada 40 minutos.
  4. Haz espacio para alimentarte bien. Conéctate con los alimentos y el proceso de prepararlos. Disfruta el ritual de comer sólo o en compañía.
  5. Duerme bien. Respeta tus horas de descanso. Evita quedarte en la cama.
  6. Haz una meditación consciente antes de dormir y escribe lo que has aprendido durante el día ¿De qué nuevas cosas te diste cuenta?.

1 comentario en “Tiempo de cuarentena: una oportunidad para calibrar nuestra brújula interior”

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